viernes, 9 de enero de 2015

Inteligencia corporativa: Arrogancia y soberbia (sintomas)


Las empresas que sufren de arrogancia y soberbia corporativa experimentan un conjunto de síntomas que en su conjunto generan fallas multi-sistémicas, degenerando hasta los tejidos más profundos de las organizaciones.
 

Los síntomas que están asociados a las organizaciones enfermas con la arrogancia y soberbia son variadas y a temporales, es decir la intensidad y el tiempo que permanecen presentes depende mucho del tamaño, nicho de negocios y de las características particulares de su realidad.  Es decir, cada empresa está compuesta por personas, todas las personas son diferentes, por lo tanto su comportamiento también resulta particular y difícilmente replicable con simetría.  Sin embargo, existen algunos síntomas que desde la dimensión de la gestión directiva, contienen elementos comunes y que pueden ser verificados con facilidad.

Incapacidad de escuchar

El primer sensor comprometido es responsable de recibir información del entorno corporativo.  En la práctica la unidad que enfrenta dicha sordera o incapacidad de escucha es la encargada de recibir y administrar los mensajes enviados desde los distintas instancias (Negociadores, proveedores, consumidores, clientes, competencia, entidades gubernamentales...).  En este facto todo mensaje que se reconozca diferente o contrario a la política o posición de la empresa recibe un tratamiento a lo menos absurdo debido a que mediante diferentes mecanismos o argumentos es descartado sin ponderar su importancia, es decir, simplemente es rechazado.  Existe variados mecanismos a los cuales los "analistas" pueden recurrir para eliminar del sistema este tipo de información, una de las más utilizadas es el degradado en su mérito (menospreciado) si proviene de un funcionario subalterno, o cuestionarlo por la "falta de evidencia" o la "falta de idoneidad" de la fuente, o cuestionar la calidad de la información recibida, y en los casos más patéticos el argumento es simplemente que "no es compatible con la línea corporativa de los directivos", en pocas palabras, simplemente el contenido no le gustó a algún directivo.  En resumen, generalmente, el síntoma se presenta cuando la línea estratégica es presentada con una autosuficiencia infantil dentro de la organización, descartando y minimizando a su mínima expresión la importancia de los mensajes entregados por los clientes (internos y externos).

Miopía estratégica

El segundo sensor afectado es la pérdida de visión, o la incapacidad de proyectar, reformular o crear nuevas unidades de negocio.  Al no poder recibir con claridad los efectos y comportamiento del entorno corporativo, es común que la alta gerencia pierda la posibilidad de reconocer y analizar las señales, por la cual cualquier estrategia considerada no podrá reflejar la realidad y menos aún lograr efectos positivos conscientes.  No se reconoce el esfuerzo y los logros de los colaboradores, se asume que todo es simplemente el resultado de la política empresarial implantada por los directivos.  Esta tendencia miope no solo impide entender la dinámica del entorno, también contamina la percepción del mercado en su conjunto.  Esto definitivamente restringe la capacidad de maniobra de la organización, y en algunos casos a la deriva.

Insensibilidad

Uno de los efectos más nocivos es la generación de la hipo-sensibilidad, es decir, perder la percepción real de las necesidades (generadas o naturales) de nuestros clientes.  El equipo de ventas comienza a experimentar dificultades para abordar los potenciales clientes, la cartera comienza a disminuir, los estado financieros comienzan a entregar números peligrosos y los balances bimensuales tienden a empeorar.  Sin información fidedigna y sin orientación directiva (adecuada), los miembros del equipo de marketing se convierte en verdaderos "alquimistas", intentando descubrir una pócima mágica para recuperar los nichos del mercado.  Este agónico proceso de búsqueda generalmente resulta estéril frente a la postura de la alta dirección, y lo que es peor, a lo largo de este camino es justamente este el equipo que de tanto intentar resolver el problema (generado por la dirección) genera un efecto de sobre exposición inevitable y finalmente es sentenciado como el responsable aparente de la tragedia corporativa.

Inflexibilidad ergonométrica

En la medida que la organización continúa el proceso de agonía, los directivos aumentan su ego recordando el éxito obtenido anteriormente e insisten testarudamente en que su estrategia base no está dando resultados por la incapacidad estructural del capital humano.  Esto continúa generando y acumulando energía sísmica dentro del backbone, estresando la línea de mando, incrementando la densidad de los procesos, incentivando la inercia y disminuyendo la pro actividad, ante el temor de contradecir la dinámica enferma de la compañía, logrando generar una seudo-paraplejia estructural (sedentarismo ejecutivo) e inhibiendo la creatividad, alimentada por los viejos hábitos, ritos, tradiciones y vanidades, que impiden la modernización, el cambio de paradigma, y el desarrollo de los procesos (internos/externos).

Oportunidades convertidas en amenazas

En la medida que la soberbia y arrogancia continúan envenenando las oficinas directivas, se incrementan la rigidez de los modelos del negocio.  Los bandos medios intentan desesperadamente contener la tensión producida en las capas inferiores, entregando mensajes optimistas e implantando instancias de concientización corporativa, intentando mantener cohesionado los equipos de trabajo.  Se realizan campañas (internas y externas) para fortalecer la imagen de la empresa.  Sin embargo, ante la imposibilidad de reconocer los errores la organización comienza a dejar flancos abiertos, y la competencia implacable de los competidores que reconocen la brecha aprovechan con rapidez y sin piedad la oportunidad.  La pérdida de competitividad comienza a generar estragos mayores en la compañía, en este momento el punto de retorno es crítico, las expectativas de la compañía comienzan a disminuir, la incertidumbre es mayor y los niveles de riesgo comienzan a escaparse de los rangos de tolerancia del backbone.



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